CUENTO: EL BANCO QUE NADIE ESCOGÍA

En el patio del templo había tres bancos de madera. Dos estaban siempre ocupados. El tercero, el del centro, permanecía vacío.
 
El aprendiz Sōma lo notó con el tiempo. Nadie se sentaba ahí, aunque era el más estable y el mejor orientado al sol.
 
Un día preguntó al maestro Kairen:
 
—Maestro, ¿por qué nadie usa ese banco?
 
Kairen no respondió. Al día siguiente, durante el descanso, se sentó en él.
 
Los demás dudaron. Algunos sonrieron incómodos. Nadie se acercó.
 
—¿Qué sientes? —preguntó el maestro a Sōma.
 
—Es extraño… parece que ese banco incomoda.
 
Kairen asintió.
 
—No está vacío porque sea incómodo. Está vacío porque no pertenece a nadie.
Los otros bancos se heredan, se imitan, se ocupan por costumbre.
Este exige elección.
 
Sōma se quedó mirando el banco.
 
—La mayoría se sienta donde ya hay huellas —continuó el maestro—.
Pocos se sientan donde deben decidir quiénes son sin referencias.
 
Ese día, Sōma se sentó en el banco del centro. No pasó nada extraordinario. Pero por primera vez no sintió que estaba “encajando”.
Sintió que estaba estando.
 
Desde entonces, el banco dejó de estar vacío. No porque se pusiera de moda…
sino porque alguien se atrevió a elegirlo.
 
«ALGUNOS LUGARES NO ESPERAN COMPAÑIA. ESPERAN ELECCIÓN»

 

Extraido de texto Vicente Laparra

La Moncloa de San Lázaro, Cacabelos

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